jueves, 1 de noviembre de 2018

Valoran extranjeros solidaridad juchiteca

Al mediodía de este martes ya estaban abarrotados los pasillos y los stands de la terminal de segunda clase; el cúmulo de personas después de una travesía bajo el sol expira la humanidad acumulada que se percibe apenas se acerca al albergue acondicionado por el Ayuntamiento.
Las mujeres y los niños fueron transportados en autobuses para evitar la larga caminata, algunos caminaban algún tramo y luego seguían en vehículos, por lo que no se reflejó la larga caravana sino la entrada a tierra zapoteca de migrantes por grupos, ya sea caminando o en vehículos.

En los pueblos que pasaron -como Niltepec y Tapanatepec- y que tenían sus ríos aún limpios que bajan de las montañas de los Chimalapas, los migrantes centroamericanos lograron bañarse.
Aquí, el Ayuntamiento tuvo que abastecer los almacenes de agua con miles de litros para que los migrantes pudieran bañarse y lavar sus ropas que secan al sol en el piso o en cordeles, en las ramas o en los alambres de púas que circundan la terminal.
En la carretera, a la altura de las colonias populares al lado oriente de la ciudad, en cada tramo hay inmigrantes pidiendo una moneda; en las calles del centro, en las principales avenidas, también están apostados pidiendo cooperación, pasan a la casas a pedir la solidaridad del pueblo juchiteco.

Historias de carne y hueso
Son miles de historias las que cuentan los migrantes que vienen principalmente de Honduras, de pueblos como La Ceiba, Santa Bárbara, Lancho, San Pedro Sula.
Vienen familias de varios integrantes, en donde el cabeza dice que no hay empleo y los que encuentran "son pocas las impiras", la moneda hondureña que ganan para mantener una familia.
Muchos aspiran a llegar a los estados Unidos, ahí tienen familiares, algunos se mantienen comunicados con ellos, otros no saben dónde están y los buscarán llegando al país norteamericano, otros más sólo si encuentran empleo apostarían a quedarse en la Ciudad de México.
Solidaridad juchiteca
Todos coinciden en que han tenido buen trato de los mexicanos a lo largo de su travesía. “En mi país la vida es de tragedia, no hay empleo ni seguridad, nosotros estamos agradecidos con los mexicanos que nos han recibido muy bien. Nos ofrecen de comer, agua y hospedaje, también nos dan ropa y dinero, son muy buenos en este pueblo de Juchitán”, dice Indira, proveniente de La Ceiba, Honduras.

fuente nvinoticias