martes, 17 de septiembre de 2019

COLUMNA DE MARÍA DEL CARMEN RICÁRDEZ


El gran amor de chico... de Chico Toledo

MARÍA DEL CARMEN
RICÁRDEZ VELA

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Taiwán era su tierra y de ahí era su madre, pero ¡ella era de padre francés!
Hermosa, bellísima de cuerpo y rostro, sola, sin nadie más en París, había salido de Taiwán para poder seguir estudiando, estando allí fue a escuelas francesas y quería estudiar una carrera, ahí la conocí, en Francia.
¡Es un amor, por el que recuerdo haber estado dispuesto a todo, a morir incluso! Sentía que sin ella, moría o me faltaba el aire, un amor de juventud, como nunca más vuelves a enamorarte...
Ella Tenía 16 años y yo 20 tal vez, yo daba clases en una escuela de dibujo, no sabía ni que enseñar y ella acudió a mí, para pedirme opinión de sus trabajos. De momento ya estábamos juntos y juntos o muertos, estaríamos ahora los dos o seguiríamos juntos tal vez, de no ser, porque no tuve la visa para alcanzarla en Taiwán, cuando ella tuvo que volver y se fue en plena Segunda Guerra Mundial.
Su mamá la llamó, le dijo que regresará y así lo hizo intempestivamente, me preguntó si estaba dispuesto a irme con ella y le dije que sí! Sin dudarlo ni pensarlo. Se adelantó y me pidió que tramitará todo para alcanzarla en breve.
Arreglé todo, fui a la embajada a pedir la visa, y me pidieron los datos, de a quién visitaría en Taiwán, yo ....sintiendo que iría con mi casi ya familia, di los datos y nunca dieron con ellos, nadie daba referencias, ni del pueblo, ni de su familia, todos habían huido.... cuando se perdió el control y todo era un caos.
A los 15 días, me enteré que se había casado con un médico estadunidense, que la ayudó a salir de la zona de guerra y de Taiwán, ella me llamó y me lo dijo. También me pidió que fuera a Taiwán a casarme con su hermana, para sacarla de ahí como pudiera, lo pensé... quería ayudarla, pero con ella ya casada y sin conocer a su hermana, aun cuando la amara tanto, se me hizo una locura y le dije... ¡no puedo! ¡no tengo dinero!.
Que no habría yo hecho por ella y por su amor, pero en esa aventura, sé que no habría logrado nada.
Ella se fue a Estados Unidos con su esposo y un día, al poco tiempo me llamó, me confesó que me seguía amando, que vivía con el doctor su esposo, ahí en Estados Unidos, que fuera a buscarla y se vendría conmigo.
Fui por ella sin dudarlo, aún sin dinero y sin fama, me fui a buscarla, me hospedé en un modestísimo hotel de Nueva York, ahí llegó, como con sus 10 maletas, dispuesta a fugarse conmigo.... hasta que vio el hotel y mi pobreza... no la culpo.
Me dejó con un mes de hotel, que yo había pagado anticipadamente, para que me saliera más barato.
Me preguntó... ¿de qué vives? y le dije... ¡de mis cuadros!
¿Cuánto gana? –Depende si vendo alguno, respondí y se fue, se fue, se fue! -No la culpo, venía de la guerra, de haberlo perdido todo! dejando todo, casa, familia, su pueblo, todo. El Dr. le daba seguridad y yo no daba para tanto.
Pasaron los años, un día al enviudar vino a Oaxaca, ya era tarde.... yo estaba casado, había triunfado y ella, era ya una viejita igual que yo; me sigue hablando, insistiendo en volver, ya nada de eso tiene caso.
Se fue el tiempo, olvidé el francés y el inglés, pero a ella…, solo ella, la chica de Taiwán, ha sido, si se puede decir… el gran amor de mi vida.